Cine hueco, sobre «Cambio cambio», por Marcos Rodríguez

Uno puede medir hasta qué punto un crítico se ha vuelto un hinchapelotas cuando se enfrenta a la necesidad de discutir incluso con quienes defienden una película que le gustó. Creo que Cambio cambio es una película con la que disfrutamos todos, pero lo que me resulta más curioso es que, incluso quienes hablan a favor de la película (en rigor, no encontré a nadie que hablara en contra), señalan casi como un defecto a excusar lo que en realidad es su mayor virtud. La película “queda fechada”, perdura “como registro”, podemos verla hoy y sonreír con sorna al constatar que en el momento del rodaje (entiendo que aproximadamente hace dos años) el dólar paralelo apenas llegaba a los 200 pesos y hoy está a más de mil. Argentina: el país en el que el lapso que media entre el rodaje de una película y su estreno en salas se mide en abismos. Lo mismo ocurre, menos por circunstancias argentinas que globales, con la situación en torno a la pandemia y el ingreso de turistas al país, y la agonía de los sectores que dependen de los dólares (y reales) que vienen de afuera. Como si Cambio cambio tuviera adosado un costado periodístico, que le suma color y queda demodé muy rápido, pero no importa, igual la queremos porque es una linda peli. Moraleja de esta mirada benévola: mejor no apuntar la cámara hacia realidades demasiado concretas, porque te vas a quedar atrás muy rápido. Mejor lo atemporal.

Precisamente lo interesante de la película de García Candela es que no recurre a los titulares y las charlas de esquina como un elemento de dirección de arte, para “ambientar” realidad, sino que se sumerge en el presente de su realidad (con todo y lo que tiene de circunstancial e insustancial, como la inmediata post-pandemia) y, dentro de ese ecosistema evanescente, construye su cine. No se trata de que el registro del valor del dólar paralelo quede engranado en la película como una especie de ripio involuntario dentro del mecanismo de ficción (una historia de amor) sino, casi me atrevería a decir, que el mecanismo de la ficción funciona como un vehículo que permite registrar la cotización del dólar, sus fluctuaciones y sus sentidos. Para entender qué significa el dólar, qué ritmo marca la calle Florida dentro del universo que es la Argentina, se requieren de muchas más herramientas que las que cuenta el periodismo. La idea inconfesada del cine como el ámbito propicio para una historia de amor juvenil y no para el registro de lo que significa una corrida cambiaria (no en términos de thriller político, sino de a pie) es, por lo menos, reduccionista.

Dentro del enfoque vigoroso que elige Cambio cambio (filmar la calle, filmar las historias de los que están ahí), uno de sus mayores aciertos es su tono seco y la medida (hasta qué punto difícil) en que decide no explicar nunca las circunstancias que envuelven a sus protagonistas. ¿Dólar paralelo? ¿Cierre de fronteras? ¿Arbolitos? Los que la vivimos entendemos enseguida los códigos pero me pregunto, por ejemplo, si se puede ver Cambio cambio fuera de la Argentina y hasta qué punto se entiende. Supongo que ahí es donde entran en juego los códigos más genéricos con los que se traza el argumento de la película: chico conoce chica, chico quiere progresar, chico decide arriesgarse y meterse en cosas turbias, las cosas turbias se empiezan a complicar. Sin duda la película puede apreciarse despegada de los diarios viejos sobre los que camina la trama, sus personajes son sólidos y la tensión está bien dosificada. Es cine del bueno. Pero no por eso deja de ser menos cierto que todo ese contexto en ebullición atraviesa cada plano de la película y, en realidad, su presencia funciona como un gran hueco dentro de la película: todos los personajes entienden de lo que se está hablando, nosotros entendemos de lo que están hablando, y sospecho que los diálogos son lo suficientemente afilados y precisos como para que quien no lo entienda igual pueda sostenerse sobre el vacío. Pero la evidencia indica que ese vacío está ahí: ese vacío de todo lo que significa la Argentina.

Es precisamente ese hueco el artilugio más interesante de la película: es ahí por donde le entra el aire, es ahí donde aparece el fantasma, donde el cine demuestra su verdadera magia. Los personajes de Cambio cambio están bien armados, tanto sus protagonistas como sobre todo su tapiz de secundarios con acentos, edades y contextos diferentes, pero no es menos cierto que buena parte de su carnadura (eso que el cine parece querer olvidar cada vez más) les viene de ese barro y ese viento desordenado que entra en la película desde afuera: las esquinas del microcentro, la ilegalidad cotidiana, la corrida financiera anecdótica, la crisis constante. Nada de lo que dicen o hacen tendría el sentido y el peso que tiene si no se proyectaran sobre ellos sombras tan grandes que no caben en la película y que, sin embargo, se mueven como corrientes subterráneas por sus planos.

Cambio cambio es una gran película no a pesar de lo fechada que está, sino gracias a eso.

3 Respuestas

  1. Quería responder este texto como espectadora fuera de Argentina porque en México, desde donde escribo, me parece que los códigos se entienden, no por lo “genéricos” que puedan ser, como apunta el texto, sino por la forma en la que, contrario a lo que aquí se sostiene, la película logra dar cuenta de su presente. Por eso no entiendo en qué medida la película puede ser atemporal o de qué forma “la cámara no apunta hacia realidades demasiado concretas” cuando en el mismo texto hacia el final se elogia “lo que viene de fuera” (?) como “las esquinas del microcentro, la ilegalidad cotidiana, la corrida financiera anecdótica” ¿No está la cámara apuntando a esas esquinas de la calle Florida, no es ahí donde está ocurriendo una realidad demasiado concreta?

    Me parece que el texto no termina de decidir si, efectivamente, quiere elogiar lo que para los demás es un defecto y para el crítico una virtud o si el crítico encuentra huecos (¿defectos?) en la película que también son virtudes. ¿Entonces por qué la etiqueta de cine hueco? el título parte de una trampa: propone una lectura a partir de la noción de lo hueco que finalmente se devela como una virtud porque por ese hueco “le entra aire” a la película. Ahí hay una incongruencia.

    Creo que Cambio Cambio no sólo es una película linda, es una película importante porque, entre otras cosas, marca una distancia con cierto cine argentino contemporáneo más centrado en “la interioridad” de sus protagonistas. Candela sale a la calle (y ahí están esas escenas de los edificios y los relatos que acompañan la relación de los protagonistas) y en ese espacio físico, en las calles, registra lo que sucede. Otra virtud es que creo que está dialogando con una tradición del cine argentino en el que el trabajo ocupa un lugar central, como Tute Cabrero (1968). No es muy común que los cineastas de su generación tengan tan presente el cine del pasado, tanto en sus temas como en su forma.

    Más allá de los huecos, de las virtudes o de los críticos hinchapelotas estaría bueno pensar en qué medida esta película puede marcar una transición entre un cine “de interiores e interioridades” (Te quiero tanto que no sé, podría entrar en esta categoría) y un cine que “sale a la calle”, por ejemplo. Creo que es una película con un montón de ideas que pueden suscitar textos más apasionantes.

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