Descascarado, por Marcos Rodríguez

A mí, que hice tanto por los muñequitos, pósters y fondos de pantalla. A mí, que fui traído a la existencia por vaya a saber uno cuántos demiurgos del diseño para llenar el agujero que dejó la falta de un Darth Vader en esta nueva trilogía. A mí, tan simple y elegante, tan hipster y funcional, a mí, que casi los hacía olvidar esa añoranza irrecuperable por aquel otro casco samurái, a mí me dejan tirado tan así a la entradita nomás de Episodio VIII: Los últimos jedi. A mí, que fui la pieza clave para la construcción de ese personaje lloroso y pelilargo que es Kylo Ren, esa nenita que hace pataletas cada vez que pasa algo que no le gusta. No es mi culpa si el personaje al que me asignan es tan flojo y roza lo insoportable, si esa nueva encarnación del mal es tan inestable y da tan poquito miedo. Yo soy un casco, protejo de las balas y tapo el pelo despeinado. Pero Ben Solo no necesita tapar su peinado siempre perfecto. Ben Solo no necesita un respirador. Ben Solo necesita muchas otras cosas y resulta que al final ni siquiera necesitaba un casco. Fui solo un decorado, apenas una pieza de vestuario. No es mi culpa que me hayan convocado tarde en las secuelas, cuando en realidad ya no hacían falta los cascos para los malos.

Pero no, me niego a pensar que toda mi existencia fue en vano. No, no y no. La guerra de las galaxias siempre fue una saga de diseño de vestuario: que los rodetes de Leia, que la capa con capucha de Luke, que la barriga colgante del bicho verde ese, que los soldados y sus uniformes como caparazón plástica de langosta, el bikini dorado, túnicas y más túnicas, ni hablar del casco de Darth Vader. La guerra de las galaxias siempre le supo sacar jugo a cómo vestía a sus personajes, casi más importante que las palabras que decían. Y no hablo solo del merchandising, de remeras y citas y parodias y gráficos y libros. Hablo de la fuerza que tiene la presencia de un actor en la pantalla, de su postura y el corte y porte de lo que trae puesto. Yo fui heredero de ese noble linaje. No podía haber una nueva Star wars sin un nuevo casco negro.

No le echen la culpa al casco. Los fanáticos patalean un poco y me tiran así nomás hecho pedazos en el piso de un ascensor. ¿Que no hacía falta el casco? ¡Nunca hizo falta! Pero ahí está la gracia. Me hicieron más lindo y mejor que ese otro armatoste plagiado y con alitas que usaba el Padre Oscuro. Más bonito y más vendible. Mucho menos tosco. ¡Más original, además! Si esta relación no funciona, mis queridos e inestimables fanáticos, no es por culpa mía. Ni siquiera es culpa del pobre de Adam Driver, que trata de ponerle toda la onda que se le puede poner a Kylo Ren. Pero ni eso alcanza. Casco o no casco. El de Vader funcionaba porque escondía algo que no podíamos ver, pero sobre todo funcionaba porque Darth Vader era esa máscara, no se escondía debajo de ella. ¿Quién se acuerda ahora de la cara del actor que pusieron al final de El regreso del jedi para que sonría y tenga una relación con su hijo y sea todo buenito y brille con aureola azul? ¡Nadie! ¿A quién le importan los buenos sentimientos y los sentimientos conflictivos del tipo ese que al final era bueno? ¡A nadie! Lo que importa es el casco. Lo que importa es que el casco se lo coma todo. Que el casco sea todo. ¡Que la superficie consuma la pantalla!

Me hicieron opaco, menos lustroso, menos lacerante. Pero, sobre todo, ¡me sacaron de en medio a la mitad de la primera película! Ya ahí nomás resulta que había una cara para mostrar. Ahí nomás me serrucharon el piso, ni siquiera una película completa para darle personalidad al pobre casco/máscara que se suponía que iba a ser el malo. En seguida empezamos con los sentimientos y el hijo abandonado y las lágrimas y el “conflicto”. ¿Dónde se ha visto? Un casco no puede trabajar así.

Ahora resulta que en el siglo XXI el Mal es un hipster treintañero que se la pasa llorando porque no puede resolver los conflictos con sus papis. ¿Cómo van a tener épica así? ¿Cómo van a lograr un póster de esos que no se olvidan? ¿Cómo pretenden lograr que un pobre casco se quede clavado en la memoria colectiva de todas esas personas que siguen yendo a ver cada nueva La guerra de las galaxias?

Así no se puede.

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