A pesar de su impulso renovador –o tal vez debido a ello- los años 80 se prestan con entusiasmo a las analogías. Virus tiene en la segunda etapa del rock en Argentina la misma importancia que tuvieron Los Gatos en sus comienzos. Richard Coleman es al sistema de la guitarra antivirtuosa lo que Edelmiro Molinari al de la guitarra desatada. El Einstein es La Cueva after. En este juego entre pioneros y refundadores a Sumo le toca siempre el lugar de Manal. Por barrio, talento y bravura. Pero lo cierto es que Luca y sus muchachos bien podrían pedir un dibujo de payaso, meterle unos alfileres de gancho y decir:
-No, no. Nosotros queremos ser Almendra.
¿Y por qué no?
Llegando los monos es un disco tan abierto y tan genial como el del payaso con lágrima y sopapa. Almendra tradujo muy a su manera las enseñanzas de los Beatles y la psicodelia. Sumo hizo lo mismo con las de Joy Division y el pospunk. Con los fabulosos cuatro de Belgrano el tango, la bossa nova y el jazz encontraron sus mejores modos de expresión rockera. Con los magníficos de Traslasierra lo encontraron el reggae, el ska y el conjunto entero de invenciones musicales nacidas del desafío y la encerrona punk. Ambos grupos hicieron que existiera mucha más música que la que grabaron ellos mismos.
Es curioso, pero llega un día en que el pasado se vuelve cada vez más claramente un escenario en el que no hay actor que no haya sido contemporáneo de todos los otros: hoy “Rollando” tiene tanta historia encima como “A estos hombres tristes” y “Figuración” tantas potencias todavía inexploradas como “Cinco magníficos”.
Es cierto que la riqueza que hay en Llegando los monos existía ya en Divididos por la felicidad y Corpiños en la madrugada, por no ir más atrás y hablar también de algunos demos tempranos e incluso de algunas de esas cintas caseras que alimentaban la piratería en casete. Pero en Llegando los monos todo brilla un poco más, como si además de por seis tipos en la cima de sus capacidades el disco estuviera tocado por la gracia o un buen augurio astrológico. “El ojo blindado” es la energía de tres acordes. “No good” el gran reggae argentino. La excepcional “Estallando desde el océano” el punto de encuentro entre pospunk y psicodelia. “Heroína” y “Los viejos vinagres” los extremos de un continuo que hace coincidir en su despliegue angustia y baile, estrofa radial y ruido, habitación cerrada y discoteca.
Es habitual citar versos de Almendra con legítima admiración. Extrañamente, supongo que a causa del mismo equívoco literaturista que afecta a Juanse, no es tan común hacerlo con Sumo. Es una pena, porque las letras de “Cinco magníficos” y “Que me pisen” son tan buenas como las de “Laura va” y “Fermín”. Luca canta en inglés y en un castellano con erres de Italia, pero la manera en que aprovecha su condición de hablante raro genera la impresión de estar frente a un cocoliche anglo absolutamente musical, arrojado en su inflexión argentina hacia el absurdo y los juegos sonoros. Rimas de nenes, diminutivos bien o mal dichos, una memorable pareja fónica (nextweek–Nesquik), Wellapon, Chivilcoy, Yaciretá. Luca-Dadá, sin dudas. O mejor: Luca-Jarry.
¿Qué es Llegando los monos? El disco de los temas que canta Ubú mientras se sueña tano, heroinómano y rockero en pleno culo del mundo.
